Asistimos a una época de cambios acelerados. Son cambios en la forma de percibir las relaciones entre los ciudadanos y, sobre todo, en la forma de relacionarnos con el entorno. Parece que nos hemos dado cuenta del valor que encierra todo lo que nos rodea, tanto lo natural como las creaciones humanas. Poco a poco comprendemos que ese entorno natural y cultural no sólo tiene un valor económico, sino un valor sentimental que va más allá del concepto economicista. Estamos aprendiendo que somos parte y consecuencia del entorno, y que este es el legado de nuestros hijos. Es un hecho que cuando las sociedades han madurado comprenden que no se puede explicar el ser humano sin su contexto histórico, físico, arquitectónico o cultural, y por eso se comprometen a respetarlo.
En nuestro ámbito local nos encontramos con una ciudad como San Fernando que, a pesar de los aparentes esfuerzos de las autoridades, sigue de espaldas a su patrimonio y a su historia. Quizá sea así porque ese esfuerzo surge sin una base social estable y comprometida. El hecho es que tenemos edificios de gran valor histórico en estado ruinoso; auténticos espacios etnográficos sin uso; un parque natural que nos rodea y que aún no acaba de ser entendido como algo auténticamente singular y valioso. Parece que no atendemos nuestra cultura como se merece. Es como si pasáramos de puntillas sobre todo aquello que hace de San Fernando una ciudad realmente singular. Los ciudadanos hacemos muy poco para evitar que la Isla se convierta en una metrópolis sin carácter, sin identidad, y similar a las que nos podemos encontrar en cualquier parte del mundo.
Por eso debemos conservar la riqueza natural, histórica y cultural que posee nuestra ciudad. Ayudar imaginativamente para conseguir que dicho patrimonio sea visible, quede a disposición de todos y pueda llenarse de vida y actividades. Las edificaciones históricas deben ser reactivadas mediante rehabilitaciones para desarrollar usos compatibles con la sostenibilidad económica que nos exige el tiempo en el que vivimos —actividades empresariales, culturales, administrativas, de ocio, etc.—. El Parque Natural puede ser el motor de empleo y turismo que necesita el municipio; y puede llegar a convertirse en una referencia nacional puesto que la relación simbiótica entre parque y ciudad es única. Esta simbiosis siempre condicionó nuestra economía y nuestra historia, y durante el asedio napoleónico la de toda España. Sin duda la cultura, en su amplio sentido, puede ser el foco de atracción que necesitamos. Deberíamos aprovechar con inteligencia lo que tenemos, y conservarlo. Es tarea de todos, y si ayudamos, podremos tener una ciudad única, por lo que fue y por lo que es. Los que nos siguen lo agradecerán.
Para todo ello nace la Plataforma por la Defensa del Patrimonio de San Fernando, con una organización asamblearia, abierta y horizontal. Pretendemos ser un espacio donde personas, grupos y asociaciones puedan aunar fuerzas e imaginación para que los ciudadanos conozcamos y amemos lo que tenemos. Nacemos sin ánimo de lucro, sin cuotas de ninguno de sus miembros, y las tareas básicas son enseñar, conocer, reactivar y disfrutar del patrimonio, y finalmente, estar alerta ante posibles agresiones al mismo.
Para participar de la Plataforma disponen ustedes de dos maneras. La primera es el apoyo testimonial de personas, grupos o asociaciones; y para ello sólo necesitamos que apoye expresamente la actividad de esta plataforma, si es que así lo estima, enviando un correo en ese sentido a patrimoniolaisla@gmail.com.
La segunda manera de participar es mediante su colaboración activa, con su presencia, ideas y colaboración física en las tareas de organización, coordinación y actos que la Plataforma pueda acometer, siempre dentro de la legalidad, el civismo, la elegancia y el buen orden de las cosas y personas.
Nos toca vivir un tiempo de dificultades y, seguramente, comprometernos en causas justas puede que sea la mejor manera de contribuir a mejorar nuestro pueblo.